El amor en los tiempos del cólera: una intrépida propuesta fílmica

Fue en el año 1986 cuando leí esta novela de García Márquez, publicada por la Editorial Suramericana de Buenos Aires. Tenía entonces, diecinueve años y el cólera del amor ya se había manifestado en mí, con el ímpetu de una pasión beligerante. Volver a releerla, a los cuarenta y uno, ha sido reencontrarme con un pretérito y bienquerido amor franqueado por la memoria. Después de un receso tan prolongado, quise confrontar al texto con la ingenuidad de la primera vez, pero se interpuso la maña de lectora vieja y perspicaz; (aunque los apuntes y los párrafos subrayados de la joven Maribel, siguen intactos y tan útiles, que han servido para confirmar que la obra me produjo, continúa y seguirá causándome una impresión maravillosa y perdurable). La novela, El amor en los tiempos del cólera, es una historia penetrante, de una destacada complejidad narratoria, seguida de un asombroso lenguaje pictórico. La tarea de reformularla en una propuesta fílmica es un acto intrépido y a la vez plausible. Los responsables de este “prodigio” fueron el afamado director Mike Newell y el reconocido guionista Ronald Harwood, pero el héroe, quien logró ablandar el corazón de García Márquez para la realización de la película en inglés, fue el productor de la cinta, el estadounidense Scott Steindorff. La anécdota de todo el asunto es tan curiosa como interesante. Steindorff se había enamorado de la historia, luego de haber leído el libro hacía algunos años. Desde ese entonces, trataba de convencer al escritor para que le vendiera los derechos. Tras casi dos años de buscar la aprobación, le dijo al literato que: “se sentía como el protagonista del libro, Florentino Ariza y que no se rendiría hasta obtener el sí”. Parece que la analogía surtió un buen efecto en El Gabo, quien, finalmente, accedió con la condición de que no se hiciera una versión "hollywoodense" de su obra.
El argumento de la novela, así como el de la película es exactamente igual. Ambas narran la historia de Florentino Ariza, un poeta y empleado de telégrafo (interpretado por el actor Javier Bardem), quien se enamora de Fermina Daza (interpretada por la actriz Giovanna Mezzogiorno), y la corteja desde su adolescencia, pero ésta contrae matrimonio con el doctor Juvenal Urbino (interpretado por el actor Benjamin Bratt). El joven, despechado y enfermo de amor, será capaz de esperar cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días a quien considera el amor de su vida. La historia se desarrolla a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX en la costa caribe de Colombia; en tiempos en los cuales reinaba la miseria, varias guerras civiles azotaban al país y arribaba la epidemia del cólera a las ciudades costeras. El leit motiv que se reflejará en los discursos literario y fílmico será en efecto, que los desórdenes del amor se parecen a los síntomas de la temible enfermedad.
Es innegable que, la transposición cinematográfica de la novela requirió de un arduo proceso de selección, reescritura, revisión y edición, para acoplarla a un metraje de ciento treinta y ocho minutos. No obstante, el resultado final fue ciertamente, meritorio, a pesar de que se podaron sucesos que describían, con el esmero impecablemente gráfico de García Márquez, la fetidez de la ciudad y el olor a descomposición y a muerte. Estos eventos pudieron haber contribuido a que el film, mostrara de un modo visual efectivo, la atmósfera de desolación causada por los estragos del cólera y la guerra civil. Por otro lado, abundan las escenas eróticas explícitas, las cuales no aportan nada a la trama y, que tal vez pudieron sugerirse. En casi todo el largometraje, la totalidad de los diálogos de los actores conserva una fidelidad absoluta con los de los personajes de la obra. Los planos panorámicos despliegan la belleza y el colorido de los escenarios exteriores. El vestuario a tono con la época armoniza con la ambientación. La interpretación musical de la cantante colombiana “Shakira” es excelente. Sin embargo, en los acercamientos en primer plano se puede advertir el exceso de cosmético en los personajes “envejecidos”. Asimismo, ocurre lo contrario en el caso del personaje de Tránsito Ariza, cuyo maquillaje no devela el paso de los años y luce más joven que su hijo Florentino.
La novela comienza cuando el doctor Juvenal Urbino, ya un anciano, entra a la casa de su amigo y cofrade de ajedrez, Jeremiah de Saint-Amour, para certificar su muerte. El largometraje prescinde de casi toda la primera parte del libro (el equivalente a sesenta y dos páginas, en mi ejemplar), y se inicia en la escena del accidente, que le arrebata la vida al doctor Juvenal Urbino, (interpretado por el actor Benjamin Bratt). El octogenario trepa por una escalera para capturar a su loro, pierde el balance y al caer, se quiebra la columna vertebral. Su esposa, Fermina Daza (interpretada por Giovanna Mezzogiorno), llega hasta él, quien alcanza a decirle antes de morir: “Sólo Dios sabe cuánto te quise”. El incidente será el pretexto para contar retrospectivamente, la historia romántica del triángulo amoroso hasta el encuentro de la viuda con su antiguo pretendiente y el feliz desenlace de la longeva pareja en un viaje sin retorno en el barco Nueva Fidelidad.
Los comentarios en torno al film han sido diversos. Algunos críticos consideraron que la misma no logró alcanzar la calidad y magnitud de la novela. La verdad es que siempre existirán opiniones disímiles en torno a cualquier obra literaria transpuesta al cine. Mi opinión es sincera: el privilegio de leer y releer El amor en los tiempos del cólera es imperecedero, la oportunidad de disfrutarla en un film fue (independientemente de las críticas), una experiencia única e inolvidable.
Por: Maribel R. Ortiz (todos los derechos reservados)












